¿Y si exploramos nuevos caminos para combatir la corrupción?

El correcto funcionamiento de un país depende en gran medida de las buenas prácticas de la sociedad y las que promueven los altos funcionarios públicos, sin embargo, cuando la corrupción permea en todos los niveles sociales, comenzando por quienes deberían dar ejemplo como los gobernantes, parlamentarios y magistrados, termina afectando también las actitudes de los más pequeños, pues se crea una tendencia hacia los actos corruptos para obtener vagos beneficios individuales creando finalmente obstáculos para la prosperidad y bienestar social.

Considerando que la corrupción ha inundado el mundo y perjudicado el desarrollo, se ha vuelto prioridad luchar contra este flagelo y distintas iniciativas nacionales e internacionales se han creado en los últimos años para contribuir a desarmar este enemigo llamado corrupción. Es destacable, por ejemplo, que en 2004 el Pacto Mundial de Naciones Unidas haya tomado la decisión de incluir un principio contra la corrupción, además de los enfoques que ya tenía para defender los derechos humanos, estándares laborales y el medio ambiente, evidenciando el compromiso internacional de enfrentar el problema.

La lucha anticorrupción envuelve varias batallas desde las más altas esferas de gobierno hasta en zonas marginadas de la periferia, tanto en el sector público como en el privado, entre los más veteranos, pero igualmente entre quienes comienzan la vida que son el futuro de la sociedad. Esta realidad hace necesario que todos individualmente nos comprometamos a ser actores activos en la lucha anticorrupción, no solamente no siendo corruptos sino también denunciando y proponiendo. Transparencia Internacional resalta que altos niveles de libertad de prensa, acceso a la información sobre gasto público, independencia de la justicia y la integridad de los funcionarios públicos son elementos clave para combatir la corrupción, y que están presentes en los países con mejores resultados en el índice de percepción de corrupción como Dinamarca.

En términos generales es posible decir que existen dos caminos que proponen la minimización de la corrupción. Uno de ellos es el fortalecimiento institucional aumentando la transparencia y que haya más elementos y confianza para denunciar actos corruptos, incrementando las penas y así generando incentivos que persuadan a las personas a actuar correctamente. Existen iniciativas como la consulta anticorrupción en Colombia que busca precisamente que mediante un referendo los ciudadanos voten por siete propuestas que de ser aprobadas representarán un obstáculo para seguir realizando prácticas que terminan favoreciendo a un selecto grupo de personas en contravía de los intereses de la población.

La segunda forma, quizás más compleja y menos visible pero más valiosa y efectiva, es mediante el poder de la educación de manera que, conscientes de cómo nos afecta la corrupción, adoptemos buenas prácticas sin pensar en los castigos sino por el contrario, pensando en los beneficios que representa no ser corruptos. La educación abarca la formación no solamente intelectual, sino también cultural, de tal forma que se brinden herramientas para ser mejor y aportar al mundo, pues de nada sirve tener conocimientos si en vez de construir se destruye. Existen programas para fortalecer los valores en los más pequeños, pero aun así la copia en exámenes y trabajos, las mentiras y el soborno siguen siendo comunes sin que quienes actúan de esa forma sean conscientes del perjuicio que causan dichas acciones.

La Red Universitaria Anticorrupción tiene un proyecto que apunta a inculcar una serie de valores mediante actividades que si son tenidos en cuenta en las decisiones que tomamos eliminaría la corrupción, es crucial comenzar con los más pequeños a combatir la corrupción, a promover la integridad y transparencia. Bienvenidas sean todas las iniciativas encaminadas a luchar contra la corrupción en beneficio del bienestar social, que los casos exitosos sirvan de ejemplo e inspiración.

Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no comprometen las ideas, posición ni visión de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito.

Javier Pardo Mateus

Líder de cambio en proyectos de la Red Universitaria Anticorrupción