Pensemos en nuestra ética

Justo en el momento en que el abogado escucha perplejo la sentencia del juez, aquella que retumba por el juzgado, y ordena que su cliente deberá pasar sus próximos años en la cárcel, lejos de sus hijos y seres queridos por un crimen que no cometió, mientras camina por el corredor, agitado, y con el sentimiento de culpa que le invade la mente. Justo en el momento en que el médico, en una simple intervención, deja de sentir el pulso de su paciente por un inconveniente que cualquier otro médico sabría cómo manejar. Justo en el momento en que el administrador de empresas contesta su celular para caer de un golpe en seco en su sofá, al enterarse que dentro de su container irregular, con el que no pagaría impuestos en el puerto de Barrancabermeja, encontraron 5 cuerpos de extranjeros ilegales que murieron por la falta de oxígeno. Justo en ese momento en que el ingeniero, caminando por la calle es interceptado por la Fiscalía, y desconcertado por la situación, le recitan sus derechos, y le aseguran las esposas con sus manos en la espalda, se acuerda y maldice el momento en que decidió utilizar los materiales más baratos, manipulando la factura, para simular que compró los materiales más caros con el que construiría la represa, que, en cambio de suministrar servicios, arrasó con el pueblo y terminó con cientos de vidas.

Solamente en ese instante, todos agacharon la cabeza, y sintieron el mundo en sus hombros. Vieron poco a poco, como ese ligero instante de su vida, resumía todos los momentos en que hicieron trampas, tomaron atajos, dieron sobornos, pagaron a terceros para que les hicieran sus trabajos en la universidad, guardaron silencio cuando vieron a sus compañeros de clase, sus futuros colegas, hacer trampa y no dijeron nada. Y, sobre todo, cuando nunca en sus vidas se les pasó por la mente que su falta de ética acabaría con sus vidas, las de sus familias, y con la de otros, cambiando el mundo para muchas personas. Fue justo en ese momento y solo en ese momento, en que se preguntaron si en verdad, el sentimiento de ser invencibles, de sentirse el más vivo entre los bobos, era solo una ilusión. Concluyendo que, en realidad, los bobos siempre fueron ellos, porque nunca lograron comprender el valor de la ética en su etapa de estudiante, y por ello ahora como profesionales sentían las consecuencias. Se enfrentaron entonces, a los señalamientos de la prensa, de la gente, de las familias afectadas, de sus familias y sobre todo de ellos mismos, justo en ese momento sus vidas se habían transformado, ya no se sentían completos.

Cientos de situaciones similares, se viven hoy en día. Las consecuencias de la falta de ética en los estudiantes y en los profesionales, se han visto reflejadas en las tormentosas cifras que indican que en la actualidad la corrupción en Colombia nos cuesta cerca de 50 billones de pesos, superando las cifras destinadas para el pago de la deuda externa, educación, salud, entre otras. A pesar de la elevada cifra, lo más preocupante de dicha situación, son sus consecuencias. Ya que, los altos índices en la mortalidad y desnutrición infantil, la desigualdad y la inequidad de la mayoría de los colombianos, la pobreza y el abandono de cientos de municipios, son el abrebocas de los innumerables problemas que nos genera la inobservancia del componente ético en nuestras vidas.

Detengámonos entonces por un instante en nuestra agitada vida, sentémonos sin distracciones ni preocupaciones y mirémonos. Analicemos si hemos cumplido con esa gran regla de oro que tiene la vida, actuar con ética en todo momento y en todo lugar. Si lo hemos hecho, demos el ejemplo. Si aún no lo hacemos, empezamos ahora. Todo Colombia cuenta con nosotros.

 

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